miércoles, 30 de octubre de 2013

martes, 15 de octubre de 2013

Carpark

lunes, 23 de septiembre de 2013

El Saco de Carbón

Un día, un niño entró a su casa dando patadas en el suelo y gritando muy molesto. - Papá, ¡Te juro que
tengo mucha rabia! Pedrito no debió hacer lo que hizo conmigo. Por eso, le deseo todo el mal del mundo, ¡Tengo ganas de matarlo! Su padre, un hombre simple, pero lleno de sabiduría, escuchaba con calma al hijo quien continuaba diciendo: - Imagínate que el estúpido de Pedrito me humilló frente a mis amigos. ¡No acepto eso! Me gustaría que él se enfermara para que no pudiera ir más a la escuela. El padre siguió escuchando y se dirigió hacia una esquina del garaje de la casa, de donde tomó un saco lleno de carbón el cual llevó hasta el final del jardín y le propuso: - ¿Ves aquella camisa blanca que está en el tendedero? Hazte la idea de que es Pedrito y cada pedazo de carbón que hay en esta bolsa es un mal pensamiento que va dirigido a él. Tírale todo el carbón que hay en el saco, hasta el último pedazo. Después yo regreso para ver como quedó. El niño lo tomó como un juego y comenzó a lanzar los carbones pero como la tendedera estaba lejos, pocos de ellos acertaron la camisa. Cuando, el padre regresó y le preguntó: - Hijo ¿Qué tal te sientes? - Cansado pero alegre. Acerté algunos pedazos de carbón a la camisa. El padre tomó al niño de la mano y le dijo: - Ven conmigo quiero mostrarte algo. Lo colocó frente a un espejo que le permite ver todo su cuerpo. ¡Qué susto! Estaba todo negro y sólo se le veían los dientes y los ojos. En ese momento el padre dijo: - Hijo, como pudiste observar la camisa quedó un poco sucia pero no es comparable a lo sucio que quedaste tú. El mal que deseamos a otros se nos devuelve y multiplica en nosotros. Por más que queramos o podamos perturbar la vida de alguien con nuestros pensamientos, los residuos y la suciedad siempre queda en nosotros mismos. Ten mucho cuidado con tus pensamientos porque ellos se transforman en palabras. Ten mucho cuidado con tus palabras porque ellas se transforman en acciones. Ten mucho cuidado con tus acciones porque ellas se transforman en hábitos. Ten mucho cuidado con tus hábitos porque ellos moldean tu carácter. Y ten mucho cuidado con tu carácter porque de él dependerá tu destino.

viernes, 20 de septiembre de 2013

Loco

Estoy loco. Muy loco. Pero no loco como esos que se ponen un cucurucho en la cabeza y dicen que son Napoleón o Jesucristo. No, loco de verdad. Aunque me avergüenza reconocer que alguna vez he dicho que era Cleopatra para que me tomen en serio. A los locos no nos toman en serio. Nada en serio. Estoy yendo a terapia, aunque mi mujer no quiere. Dice que no nos lo podemos permitir, que es muy caro. Pero yo sé cuál es su verdadera razón. Está liada con mi terapeuta, y se siente mal si voy a verle. Mi terapeuta es majete. Muy majete. Es caro , pero yo insisto en ir a él y le pago el doble por cada sesión. Cuando me encierren, él se tendrá que hacer cargo de mi mujer y mis hijos, y le vendrá bien el dinero. Es tan buena persona que intuye mis motivos y no se niega a cobrarme el doble. Realmente no me lo puedo permitir. Somos pobres. Muy pobres. Pero pedí un préstamo. Había oído que hay que estar loco para pedir un préstamo, así que me fue fácil. Mi terapeuta es bueno. Muy bueno. Su método es la autosugestión. Dice que con la sugestión de nuestro subconsciente podemos conseguirlo todo. Yo ya lo estoy dominando. Me autosugestioné para que Scarlett Johansson quisiera acostarse conmigo. Funcionó. Los primeros días dudé de que hubiera tenido éxito y se lo dije a mi terapeuta. Él me explicó que Scarlett se moría de deseo por mi pero que no conocía mi dirección. Se ofreció a contactar con ella y dársela, a cambio del precio de dos sesiones. Accedí. Ella debe estar a punto de llegar en cualquier momento. Pero ya sabemos que el tráfico está mal. Muy mal. Me cae muy bien mi terapeuta. Me alegro de que se acueste con mi mujer. Mi mujer no es la mujer más hermosa del mundo, ni está entre las cien más atractivas. Realmente es fea. Muy fea. Y asquerosa. Muy asquerosa. Al principio no comprendí a mi terapeuta. Ahora sí. Estoy seguro de que utiliza la autosugestión para convencerse de que es una top model. A veces tengo momentos de lucidez y me dan ganas de vengarme de ellos. Pienso en autosugestionarme y convertirme en homosexual y acostarme con él. Afortunadamente pocas veces estoy lúcido. De mi locura no avanzo mucho. Mi terapeuta dice que es porque realmente no quiero curarme y que necesita que aumentemos las sesiones. No sé si tiene razón. Por si acaso he pedido otro préstamo. Ahora tengo que dejar de escribir. Llaman a la puerta. He estado autosugestionándome toda la tarde y debe ser Scarlett. Es atractiva. Muy atractiva.

Jorge Moreno

miércoles, 28 de agosto de 2013

domingo, 25 de agosto de 2013

One Last Dive


 

" One Last Dive "es una película de terror de un minuto.Un corto escrito y dirigido por Jason Eisener



viernes, 5 de julio de 2013

sábado, 29 de junio de 2013

El escritor

Mi nombre es Edmundo Cortés y soy escritor, aunque ninguna de las dos cosas es cierta. He publicado cinco libros, aunque no he escrito ninguno de ellos, ni siquiera los he leído ni tengo el más mínimo interés en hacerlo. La respuesta a este galimatías es sencilla: el amor. Mi verdadero nombre es Eloy de la Sagra, millonario de nacimiento y sin otra profesión conocida ni requerida. El origen de todos mis desvelos se sitúa en una mañana de hace unos meses en que desperté en mi cama entre tres mujeres esculturales, a cada cual más hermosa, tras una noche de lujuria, a pesar de lo cual sentía un hondo vacío en mi interior. Tras despertarlas y hacerles de nuevo el amor sin intercambiar ni una frase de más de tres palabras, confirmé mis temores: aquella vida que llevaba no me satisfacía y estaba matándome por dentro. Decidí tomar cartas en el asunto. Necesitaba encontrar una mujer que me aportara algo más que sexo y con la que pudiera hablar de cualquier cosa, vestida o desnuda y a la que yo le atrajese por mí mismo y no por mi dinero. Analicé cómo era yo y tras un largo rato llegué a la conclusión de que ninguna mujer se interesaría por nada de mí que no fueses mi dinero, así que decidí dar de alta un perfil falso en facebook. Me inventé el nombre, Edmundo Cortés, por sí solo ya me parecía interesante. A continuación pensé en una profesión que disuadiera a cualquier caza fortunas: escritor. Además siempre desee vestir una chaqueta de tweed, aunque solo fuese para saber lo que era. Fui a una sastrería, me compré una y me hice unas fotos medio en penumbra y mirando al vacío, como si pensara en algo, completando la escena con unas gafas negras de pasta. Lo colgué todo y empecé a unirme a diversos grupos literarios. Al día siguiente comprobé que mi idea había funcionado. En mi cuenta se acumulaban las solicitudes de amistad. Fui aceptando una tras otra hasta que una brilló por encima de las demás: Palmira O´Connor. Una fotografía en blanco y negro mostraba a una muchacha de mirada penetrante a través de unas gafas negras de pasta. No era ni guapa ni fea, sólo era ella. Estuve mirando más de una hora la fotografía, discerniendo si era una sombra o era pelusilla lo que tenía sobre el labio, hasta que me convencí: no podía aguantar más. Tenía que conocerla, ella era lo que estaba buscando. Le mandé un mensaje y empezamos a chatear. Me dijo que era una estudiante de lengua española, apasionada de los libros. Necesitaba impresionarla, así que a su pregunta de si había publicado algo contesté que sí. Replicó que no me conocía y se interesó por dónde conseguir un libro mío. Salí del paso diciendo que estaba a punto de ponerse a la venta. Seguimos chateando varios días, no quise forzarla a conocernos en persona ni le pedí el número de teléfono. No quería que pensará que solo buscaba en ella un rato de placer, porque no era así. Día a día aquella mujer me atraía más y más, hasta el punto de que dejó de importarme si sería sombra o pelusa. Ella insistía en mi libro, así que necesitaba hacer algo. Me apunté a un taller de escritura. Al quinto ejercicio el tutor me insultó y me animó a abandonar. Pero yo necesitaba convencer a Pamela de que mi nueva e irreal identidad no lo era. Consultando en un foro de internet, charlesdickens0069 me recomendó que contratara a un negro para que escribiera por mí. No lo vi muy claro, pero obedecí y salí a la calle y en la entrada de un supermercado hablé con uno que quería venderme un periódico. El resultado fue excelente, se trataba de un senegalés doctorado en literatura española que había llegado en patera. En menos de un mes me entregó dos manuscritos. Con mi dinero no fue difícil publicarlos. Se los mandé a Palmira, que se mostró muy emocionada. Sorprendentemente fueron un éxito de crítica, aunque no vendieron mucho. Palmira se mostró encantada. Era el momento de dar un paso más. Le pedí el teléfono, pero se negó aduciendo que no tenía, que vivía metida en sus estudios y no quería distracciones. Era difícil de creer, pero entre esa gente tan rara todo era posible. Nuestras conversaciones cibernéticas me enamoraban más y más de ella, pero no conseguía avanzar en nuestra relación, así que le encargué otros tres libros más al negro, que publiqué y le mandé. Pero ella seguía negándose a otra relación distinta a la que teníamos. Desesperado, decidí sincerarme y le escribí confesando que la amaba y que quería pasarme la vida hablando con ella y necesitaba oír su voz y estrecharla entre mis brazos. Después de un día de silencio me llegó el siguiente mensaje: “Querido Edmundo: Realmente eres un hombre extraordinario y seguramente un escritor magnífico, pero he de confesarte que te he mentido: no he leído ni uno de tus libros. A brí el primero pero la primera página me pareció un tostón y lo dejé. También te he mentido en más cosas. Mi nombre no es Palmira O´Connor ni estudio lengua española. Me llamo, Catalina Suárez y soy modelo. Este mundo está muy mal y tan solo buscaba a alguien famoso con dinero para promocionarme. Mi agente me ha dicho -de muy malas maneras, por cierto- que los escritores no tenéis ni un céntimo y a menos que seas Dam Brown, que deje de hacer el gili. Siento haberte engañado, porque me pareces un tío estupendo y aunque sé que no lo merezco, espero que algún día puedas perdonarme. Cata.” Le contesté confesando todo, que no había escrito un libro en mi vida, que contraté a otro para que lo hiciera, que era multimillonario y podría promocionarse todo lo que quisiera conmigo. Pero no me creyó. El que si se lo creyó fue el juez que dilucidó la demanda del senegalés por la autoría de sus libros y que me condenó a pagarle una millonada por estafa, suplantación de personalidad y contratación irregular. He perdido mi fortuna, y con ella a las mujeres que buscaban mi dinero. He perdido mi fama de escritor y con ella a todas las mujeres que buscaban mi personalidad. Pero lo que más me duele de todo es que nunca conoceré a esa mujer de gafas de pasta negra, mirada penetrante y ese lo que fuera sobre el labio.

Jorge Moreno

sábado, 8 de junio de 2013

sábado, 1 de junio de 2013

Contigo

Mmmmm. He dormido genial, menuda siesta. Me encanta despertarme sintiendo este calorcito y abrazado a ella. ¿Cómo hemos llegado aquí? Ah, ya recuerdo, después de la comida me puse un poco pesadito. Y al parecer gané yo. Me encanta estar con ella. Es tan dulce, tan tierna. Parece que solo tiene ojos para mí. Me resulta imposible calcular el tiempo que llevamos juntos. Un día, de repente, nos conocimos y desde entonces no nos hemos separado. Yo podría estar con cualquiera. Ya sé que suena pedante, pero es la verdad.         A veces tan solo con una sonrisa las conquisto y antes de que me dé cuenta ya están intentando abrazarme y besarme. Confieso que me gusta provocarlas y a ella esto le pone muy celosa, pero que quieres que haga, no tengo la culpa de ser irresistible. Pero siempre me perdona y vuelvo a su lado. Ella es preciosa, la mujer más bonita que he visto nunca. Sus ojos color miel no paran de enviarme amor y sus labios son mi fuente de dulzura. Me encantan sus besos y sus abrazos, esos abrazos fuertes que me hacen notar sus pechos. ¡Uf, sus pechos! Me vuelven loco. Hay noches que me abalanzo sobre ellos y no puedo parar, hasta que el cansancio puede conmigo. Luego, de madrugada, me despierto y vuelta a la carga. Creo que estoy obsesionado con ellos. Y ella nunca me dice que no. Es la mujer perfecta. Además me cuida mucho, siempre está preocupada por mí. Esto me agobia un poco, pero no lo hace con mala fe. Me vino muy bien una vez que pillé un gripazo. Me encontraba fatal. Ya sé que los hombres somos un poco quejicas, pero no tenía ganas de nada y ella no se separó de mi lado ni un instante. Ella es maravillosa. Todo el mundo la quiere. Incluso el tipo ese con el que quedamos tanto que es como de la familia. Se le nota en la mirada que está enamorado de ella y no le culpo, es normal. Además me cae bien, es muy gracioso y cuenta unas cosas que te partes. Un día le vi que la besaba. Me molestó y se lo hice saber, pero no pasa nada, soy un hombre del siglo XXI. Esas cosas son normales. Además, no tiene nada que hacer, ella está perdidamente enamorada de mi. ¡Pero mira qué hora es! Creo que me he vuelto a dormir. Tengo un hambre que me comía un elefante. Pero, ¿dónde está ella? Voy a llamarla. Aparece con su sonrisa de siempre y trae la cena. ¡Mi plato favorito! Esta mujer es maravillosa. No sé, siento algo especial, algo que nunca había sentido antes, solo quiero notar su calor cerca de mí. Me parece que llevamos juntos desde siempre y estaría toda la vida a su lado. Creo que yo también me he enamorado. Llevo un tiempo pensándolo. Quizá se lo debería decir ya. Seguro que se emociona y se le llenan los ojos de lágrimas. Decidido. Cuando acabe de cenar se lo digo. Allá voy: -Mmma-má. ¡Toma, la tengo en el bote!

Jorge Moreno